Colombia en tres hombres

Colombia en tres hombres

Se puede recorrer Colombia pensando en sus playas, siguiendo la ruta cafetera, la música o en busca de las mejores fiestas y excesos. Cualquiera sea el recorrido, si escapa a las excursiones armadas y pretende conocer las calles, se acercará a sus personajes emblemáticos. En mi experiencia personal, descubrí que hay varias Colombias que pueden identificarse, cada una, con un personaje masculino de reconocimiento mundial [y variable reputación]. Aquí vamos.

I

El pintor, dibujante y escultor Fernando Botero es uno de los personajes más representativos y queridos, casi de forma unánime por los colombianos. Los cuerpos voluptuosos, las escenas históricas y las costumbres que conforman sus cuadros y esculturas hacen que los colombianos se sientan identificados y orgullosos, y los viajeros puedan meterse un poco más en la esencia parcera.

Si bien en toda Colombia podemos encontrar huellas de Botero, Bogotá y Medellín son las ciudades imprescindibles para adentrarnos en su vida y obra. En Bogotá está el Museo Botero, emplazado en el barrio de La Candelaria, el centro histórico y ganador de los suspiros. En Medellín, por su parte, encontramos la Plaza Botero o Plaza de las esculturas, donde podremos disfrutar al aire libre y de manera gratuita de 23 esculturas de bronce de gran tamaño.

Botero es para Colombia el arte, la identidad, la clara muestra de que tienen muchísimo para dar y de la que no dudan en mostrarse orgullosos. Botero los conoce bien, dicen. “No ve que somos así: gorditos, mulatos y simpáticos”.

II

Si seguimos en la línea del arte, pero nos trasladamos a la literatura, no podemos dejar de hablar de Gabriel García Márquez, el premio Nobel y autor de Cien años de Soledad, quien nos trasladará a la costa norte del país. Su famoso Macondo está inspirado en el pueblo de Aracataca: un pequeño poblado donde el calor, el abandono y la tranquilidad dominan. Contra la corriente, dejé las playas de Santa Marta y emprendí camino a esta ciudad mágica. Y, más aun de lo que esperaba, me introduje en un lugar literario e hice un viaje espacio-temporal hacia el pueblo de los Buendía. Ni bien bajé del colectivo, se presentó un chico con su bici-taxi para llevarme hasta el pueblo. Acepté y, tal como sospechaba, me llevó por algunos pocos metros que podría haber hecho tranquilamente caminando [y que, de hecho, caminé a la vuelta]. Allí recorrí la antigua casa del Gabo, que no es la original ya que esa sufrió un incendio. De todos modos, uno puede recorrer los pasillos y respirar una aire literario, además de leer parte de su biografía y su bibliografía en los carteles de las paredes y los objetos decorativos. Sin dudas, la estrella de la casa es el árbol del patio trasero, el que inspiró varios episodios de su literatura, y que deja ver “la hojarasca” que marcó el inicio del realismo mágico.


En el pueblo, además, se puede visitar la Casa de Correos, la Biblioteca de Remedios la bella y algunos monumentos que, lamentablemente, están bastante deterioriados. Hermosa experiencia, además, es buscar algún lugar fresco y quedarse quieto, observando. Siendo parte de la escenografía y de las costumbres cotidianas, me mezclé entre los pobladores que pasan su tarde justamente haciendo eso: resguardándose a la sombra, descansando en el silencio y viendo, cada tanto, como pasa el tren de carga.
Al llegar a Cartagena, ciudad donde Gabo construyó su casa una vez reconocido, las opiniones sobre el autor fueron distintas: no lo aprecian mucho ya que arguyen que él no estaba orgulloso de ser colombiano porque eligió vivir en México; que nunca más volvió a su pueblo ni hizo nada por ellos [aquí lo comparan con Carlos Vives y hasta Shakira, como el ejemplo de “famosos” que dan todo a su gente] y hasta cuentan que pidió un permiso especial al municipio para construir un paredón gigante que separe su casa de curiosos e interesados [pude comprobar dicho muro, aunque se pierda la hermosa vista al mar].
Lo cierto es que leer a García Márquez, sin dudas, hace más interesante la visita a Colombia y si hay algo que disfruto de mis viajes es reconocer lugares que leí. Y si son mágicos y reales como Macondo|Aracataca, mucho mejor.

III

Y en tercer lugar, no puedo evitar hablar de un personaje tan contradictorio como Colombia misma. Un personaje que da cuenta de la peor parte de este hermoso país y que, aun hoy, sigue dividiendo opiniones, generando enojos, negocios, cultura y mucha tristeza. Pablo Escobar cobró protagonismo a nivel mundial en los últimos años a causa de dos series televisivas que reflotaron su historia y que inspiraron, luego, la producción de películas y documentales: El patrón del mal [Caracol] y Narcos [Netflix]. Esto generó que mucha gente ponga interés en este aspecto de la historia de Colombia que, por supuesto, no los enorgullece, no les gusta y desean que quede en el pasado. Hay que tener mucho cuidado al conversar al respecto sobre colombianos ya que lo que para unos puede ser un atractivo turístico o despertar curiosidad, para muchos de ellos implica la muerte de seres queridos, la imposibilidad de recorrer su país, el miedo a salir a la puerta de su casa y hasta un cambio cultural con el que no se sienten a gusto: el consumo de drogas, obviamente; pero también la cultura de la violencia de género y la casi obligación de las operaciones estéticas de las mujeres para ajustarse a un molde, por entonces, exitoso, por ejemplo.
En Medellín uno puede ver rastros concretos de la vida de Pablo Escobar, como su tumba y la de sus cercanos en el cementerio público. Y también rastros de la violencia y la vida de excesos que aquellos años dejaron. No es extraño que en las puertas de los bares o lugares bailables haya carteles que advierten que no se puede ingresar con armas de fuego y hasta te revisan exhaustivamente antes de entrar.
De todos modos y cuando superamos el temor inicial a estos controles [pienso también en que te filman la cara cada vez que subís a un colectivo de media o larga distancia], a las advertencias muchas veces desmesuradas de la gente y a la militarización de la mayoría de los lugares, podés disfrutar de un hermoso país cuyo mayor atractivo es su gente.

Bonus Track | James Rodríguez o la pasión en la camiseta


Y si hablo de la gente, de la actualidad, de la Colombia presente y la que vendrá, pienso en el fútbol y el espíritu juvenil que impuso a nivel mundial James Rodríguez, la estrella del fútbol que se destacó en el último mundial. Si bien no llega a ser un personaje histórico como los anteriores, le doy lugar en este bonus track como representación de la actualidad, de la alegría de los colombianos, del impulso de un país que está en crecimiento.
Los colombianos aman su país, a pesar del dolor que muchas veces les ocasiona. Disfrutan de recibir viajeros y quieren que te vayas recomendando el país. Algunos hasta te lo piden explícitamente.

En Colombia podés comprar una camiseta de James, una remera de Escobar, una estatuilla que imite a una obra de Botero o un libro más o menos legal en cualquier esquina. En Colombia podés sentir y debatir en la vereda o sobre la arena, comiendo una arepa o una fruta recién cortada. En Colombia se baila, se conversa, se come rico, se recorre con los pies en la tierra. En Colombia el calor no solo viene del trópico, sino principalmente de su gente, los parceros que no salen en los libros ni en los diarios, esos que te mostrarán su mejor sonrisa y te dejarán hermosos recuerdos y ganas de volver.

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