Pasar año nuevo de viaje

Pasar año nuevo de viaje

¿Alguna vez pensaste en pasar año nuevo lejos de tu casa? Yo sí y lo hice varias veces. Acá respondo algunas preguntas básicas y te cuentos mis tres experiencias: recibiendo el 2011 la primera vez que me subí a un avión; en una escala en Dubai; y con mucha gente en Auckland, la primera gran ciudad del mundo que recibe el año.

¿Por qué? ¿Para qué?

Razones hay varias, pero una de gran peso para los viajeros independientes: sí, el dinero. Para las celebraciones importantes como navidad y año nuevo, las aerolíneas suelen bajar sus precios. Es posible encontrar pasajes mucho más baratos que unas horas antes o después. Muy tentador para cualquiera que esté pensando un viaje con bajo presupuesto. Y, si no tenés problemas con las fechas, este motivo puede ser un gran organizador de agenda.

El problema puede ser que los hospedajes, por el contrario, aumenten sus tarifas. Pero si buscás hostels, departamentos o incluso hoteles económicos que no realicen grandes fiestas para celebrar, seguramente el valor se mantendrá.

Otra cuestión importante es que, a menos que viajes a países con otros calendarios vigentes, el primero de enero será feriado y es posible que los servicios de transporte modifiquen sus frecuencias o incluso algunos negocios estén cerrados. Una buena planificación es suficiente para que esto no perjudique tu viaje.

Experiencia 1: año nuevo en el cielo

La primera vez que viajé en avión fue para realizar el clásico viaje por las grandes ciudades de Europa. Buscando precios económicos, decidí salir el 31 de diciembre a las 22.45 por lo que pasaría el año nuevo en el aire. Había leído y me habían comentado que las aerolineas suelen celebrar en vuelo, que a veces te ofrecen una copa de champagne de cortesía e incluso usan cotillón o algún atuendo especial. Nada de eso pasó en una Aerolineas Argentinas recién re-nacionalizada y con un servicio bastante básico. Cuando despegué, pude ver sobre Buenos Aires algunos fuegos artificiales de lo impacientes adelantados, mientras se escuchaba la canción “Solo un momento” de Vicentico. Suficiente para emocionarme: estaba volando por primera vez, sola y en cambio de año. La felicidad y el sentimiento de libertad me desbordaban y todo indicaba el inicio de una nueva y gran etapa.

Cuando se hicieron las doce, alguien por altavoz saludó a los pasajeros y agradeció haber elegido a la compañía. Nada más. Nada menos.

Al llegar a Roma, el primero de enero de 2001, pude disfrutar la ciudad en todo su esplendor y perderme caminando hasta llegar, siguiendo el ruido del agua que se aventuraba, hasta la emblemática Fontana di Trevi. Una excelente manera de empezar el año.

 

Experiencia 2: escala en la glamorosa Dubai.

Cuando decidí volver a viajar en año nuevo, también incentivada por la cuestión de las tarifas, fue para la transición del 2017 al 2018. Un viaje largo me indicaba que llegaría dos días calendario después de partir, incluyendo una escala de más de ocho horas en Dubai por lo que Turkish Airlines incluía una habitación de hotel para descansar. He aquí que esas horas de descanso serían por la noche del 31 de diciembre. Pasaría, casi sin querer, la noche en el lugar más famoso del mundo por su grandioso espectáculo de fuegos artificiales desde el edificio más alto del planeta.
Previamente averigüé sobre modos de trasladarme desde el hotel de la aerolínea a los lugares de interés, pero era sencillamente imposible. Como los festejos tienen tanta convocatoria, las calles se cierran y el transporte público no funciona desde muchas horas antes. Luego de varios intentos y análisis de posibilidades, me resigné a ver los fuegos desde el hotel. Después de todo, tanta altura debería servir para ampliar el campo visual. Pero esto, spoiler, tampoco fue posible.

Al llegar al aeropuerto, me uní a una señora que tenía que ir al hotel igual que yo y logramos atravesar esa inmensidad hasta llegar al lugar desde donde salían los transfers. Luego nos trasladamos hasta el hotel y, al llegar, nos encontramos con una fila de cerca de veinte personas que estaban con el mismo interés que nosotras por registrarse en el hotel y recibir el año en la cena que también estaba incluida. Los recepcionistas del hotel tenían algunos problemas indescifrables y, a causa de la demora, nos dijeron que comamos primero y luego nos registremos. En este ínterin de comprender que había que dejar la fila e ir  al comedor, descubrí que ya eran las doce y el año nuevo me había sorprendido. Comí con una luz bastante triste y un servicio de buffet que dejaba bastante que desear. Luego me dieron la habitación y, con la señora del aeropuerto, acordamos encontrarnos para recorrer el patio del hotel que se conectaba con otros hoteles y restaurantes donde se veía que sí estaban festejando.

Me acomodé un poco en la habitación y salí. Fuimos por el patio y bajo un calor extremo hasta el restaurante donde se escuchaba música. Música latina, por cierto: empecé el año escuchando “Despacito” como había pasado casi todo el año anterior en cualquier lugar más o menos público de Argentina y el mundo. Pedimos permiso para recorrer a la gente de seguridad y nos metimos, con nuestra outfit viajero y nuestro cansancio a cuestas entre glamorosas parejas y grupos que celebrarban a todo brillo. Luego de un rato, decidimos que era suficiente y volvimos a nuestras habitaciones.

Esa noche no dormí. Tenía solo un par de horas antes de volver al aeropuerto y no quería dormirme. Ducha, televisor, saludos por anticipado a la familia en Argentina, un poco de descanso y vuelta al hall para tomar el shuttle bus al aeropuerto.

Al llegar a Cairo, mi destino real, el primero de enero no se notaba como algo especial. Es un día más para los egipcios. Pero no así para mis amigos a quienes fui a visitar ya que no trabajaban y pudieron venir a recorrer conmigo. Otra gran experiencia viajera. Otro nuevo año que comenzaba con mucho para dar.

 

Tercera experiencia: recibir el año antes que todos en Auckland

En esta oportunidad, celebrar el año nuevo en otro país fue una decisión tomada más allá de los valores de los pasajes. Como el destino elegido era Nueva Zelanda, pensé que sería interesante pasar año nuevo en Auckland, la primera gran ciudad del mundo en cambiar el día gracias al sistema de huso horario mundial. Antes que Nueva Zelanda, solo algunas pequeñas islas del pacífico reciben el año.

Llegué a Auckland el 29 de diciembre con tiempo suficiente para conocer la ciudad, hacerme de alguna compañía para la celebración y conversar con los locales sobre los lugares estratégicos para observar los clásicos fuegos artificiales de la Sky Tower que tantas veces había visto en televisión con la leyenda de: En Nueva Zelanda ya es año nuevo.

Ese 31 fui, entonces, a una hermosa zona del puerto de Auckland, donde hay muchos bares y restaurantes. Había, como era de esperar, mucha gente. Comí una hamburguesa y tomé una cerveza en un barcito con una chica rusa con la que compartí unos días y luego fuimos a buscar un buen lugar para ver el espectáculo.

Cuando llegó la cuenta regresiva subió la emoción. Se escucharon los gritos descontando desde el diez que acompañaban el reloj proyectado en la torre y luego un grito unificado. Algún “happy new year” con todo lo que la garganta permitió, aplausos y muchos celulares registrando. A mí, en lo personal, me faltó ver abrazos, afecto, emoción. Siendo argentina estoy acostumbrada a la pasión que se le pone a todo. Especialmente a fechas emocionantes como estas.

Luego, cuando comenzó la desconcentración, caminamos un poco observando los festejos que, en algunos casos, ya daban cuenta de excesos. Muchas filas para entrar a lugares y amontonamientos en cada esquina. Pero, no obstante, reinaba el orden.

Al llegar al hostel, me cayeron los mensajes de saludos y hasta algunas fotos del televisor donde se indicaba, una vez más, que en esa parte del mundo el 2019 ya había llegado. La distancia se acorta gracias al wifi y el relato de la experiencia hace que valga la lejanía.

Y para agrandar aun más la experiencia, un periodista conocido me pidió entrevistarme en vivo en el programa radial matutino en el que trabaja. Así que, desde un pasillo del hostel y en pijama, le conté a mi ciudad lo que estaba viviendo.

Año a año fui acrecentando la aventura de noche vieja y descubrí que pasar año nuevo lejos de casa es una experiencia social, cultural y personal súper interesante que seguramente voy a repetir.

¡Cuenten ustedes sus experiencias de año nuevo lejos de casa!

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