¿Tánatoturismo o viajes de aprendizaje?

¿Tánatoturismo o viajes de aprendizaje?

Buscando contenidos relacionados con viajes en Netflix, encontré una serie documental llamada El otro turismo. En su versión original, Dark tourist. La descripción es simple: un tipo neozelandés viaja por el mundo eligiendo sus destinos por sucesos trágicos, mortuorios, bizarros o peligrosos que ocurrieron u ocurren allí. Con un tono bastante irrespetuoso y superficial que solo endurece en los momentos que, demagógicamente, debe acudir a la ética, el conductor paga por experiencias de intromisión en culturas o historias que generan imágenes de impacto para el show.

Gracias a este programa, aprendí que hay un concepto que no conocía: tánatoturismo, turismo oscuro, dark tourism, black tourism, grief tourism u otras denominaciones. Y no pude evitar pensar que algunos de mis recorridos, para miradas externas, podrían verse de ese modo.

Pero no. Este post es para repensar algunas de mis prácticas viajeras. Pensar, pensarme, evaluar.
Me gusta visitar los cementerios de los lugares a los que viajo. Soy respetuosa cuando ingreso, solo si está permitido. Tomo fotos siempre y cuando no incomoden a nadie o no interrumpa el momento de tranquilidad. Me parece que una buena forma de conocer una cultura es saber cómo entierran a sus muertos, cuáles son sus prácticas y homenajes para la gente que ya no está, su historia.

En este sentido, recorrí los cementerios de París donde hay celebridades internacionales y tienen mapas con sus tumbas identificadas para los visitantes. Recorrí otros de valor arquitectónico o histórico como el de La Habana o Santiago de Cuba, el de Recoleta o Chacarita en Buenos Aires y otros pequeños y no identificados como los que se encuentran entre las montañas del noroeste argentino o de la patagonia. Sin dudas, el más reconocido es la necrópolis de Giza, en Egipto. Pero ese no se discute por su valor histórico.

El tema es que yo veo ese valor histórico en todos los cementerios. Leer los epitafios y ver las ofrendas me parece una forma de entrar en la historia de sus pobladores. Lejos de entrometerme. Y ahí es cuando no veo lo oscuro, ya que creo que la muerte es parte de la historia, que los episodios terribles de la historia de la humanidad nos construyen, que hay que conocer para elaborar reflexiones y aprender. Y tampoco veo el turismo, porque como decía Bodoc (quien tuvo una historia personal memorable en un cementerio) la actitud de turista es la peor que se puede tener. Es irreverencia de sentir que uno puede hacerse dueño de los espacios y hasta modificarlos.

Planteos similares se me han presentado en otros lugares que quizás entrarían en esta categoría de tánatoturismo y que, para mí, se trata de conocer la historia. Pero el dilema está, no voy a negarlo.
Los memoriales del holocausto en Berlín, la ex-esma en Buenos Aires, las huellas de Pablo Escobar en Medellín, el barrio rojo en Amsterdam, el lugar donde mataron a Fuentealba en Neuquén, etc. Sin ánimos de poner en la misma bolsa estos sitios, se trata de lugares en los que puse en duda si estaba haciendo bien en visitar. Es fino el límite entre el morbo turista y la aproximación a la historia. Pero estoy convencida de que la experiencia enseña mucho más que otra cosa. Que estar en estos lugares ayuda a entender y poder transmitir. Soy docente y nada llama más la atención que el contar en primera persona lo que ocurrió y ocurre en ciertos espacios, culturas, momentos.

La clave, creo, está en el respeto con el que uno se acerque o participe. En la intención con que uno lo cuente luego. En la reflexión que se haga antes, durante y después. La diferencia está entre la actitud de turista oscuro o la de viajero cultural. Yo prefiero la segunda y avanzar en silencio, dialogando con mi mente (esto es fácil ya que viajo sola) o con mi cuaderno de viaje cuando regreso. Tomando fotos de los lugares en los momentos que me parece no invasivo, o de las personas solo una vez que hablé con ellas, que establecí una relación, y luego de pedirles permiso. Para que la foto sea el registro de un contacto y no una captura trofeo.

Igualmente, cada vez que sale el tema, vuelvo a hacerme las mismas preguntas y, seguramente, luego de publicar esto, surjan nuevos debates. Pero así lo veo hoy. No hay nada de oscuridad porque lo que me interesa es echar luz sobre ciertos episodios de la historia más o menos reciente. No hay turismo irreverente porque, si bien soy parte de la industria, me interesa caminar como viajera, respetando, ante todo, el entorno que habito.

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